jueves, 5 de mayo de 2016

RESPIRACIÓN ARTIFICIAL, DE RICARDO PÍGLIA


Respiración artificial, de Ricardo Piglia. Editorial Anagrama.


Se hace difícil reseñar este complejo "artefacto" literario. Y lo es por diferentes motivos: por sus peculiaridades formales, por los temas que pretende abarcar (muchos de los cuales serán recurrentes en este autor en el futuro: Borges, Arlt, la cultura argentina...), por la visión de la historia de su país, de la herencia europea que labra su cultura, a los que puede añadirse, además, la dificultad añadida que puede tener su lectura para un lector ajeno a buena parte de la historia de ese país y de su largo periplo de levantamientos y generales (tal vez comparable a nuestra lista de reyes godos).

La novela se inicia con un joven Emilio Renzi (el eterno personaje de Piglia que hace una de sus primeras apariciones con esta novela) que indaga en su pasado familiar y en particular en la oscura figura de su tío Marcelo Maggi, con quien no tarda en entablar una relación epistolar y que vive retirado en Concordia, Entrerríos, dedicado en cuerpo y alma desde hace tiempo a indagar el legado epistolar de Enrique Ossorio (que por una serie de vicisitudes llega a sus manos) y que fue secretario del general Rosas. En esas cartas intentará investigar en la atormentada vida de quien pasará a la historia como un traidor a su país y redimirlo de unas acusaciones que según sus averiguaciones pueden no ser del todo fundadas. La figura de Ossorio será a su vez la de la vida en el exilio (Chile, California, Nueva York....) y se acabarán por establecer paralelismos con el exilio de muchos europeos que a su vez recalaron en Argentina durante el siglo XX.

Toda esta primera parte de la novela se articula fundamentalmente alrededor de la correspondencia epistolar tanto entre Renzi y Maggi como en las cartas que escribió Ossorio a muy diversos remitentes, y que pretenden ser leídas por Maggi "como el reverso de la historia" y a partir de las cuales "trato de ser fiel a los hechos pero a la vez quisiera hacer ver el carácter ejemplar de la vida de esa especie de Rimbaud que se alejó de las avenidas de la historia para mejor testimoniarlas". Es esa probablemente una de las obsesiones de este libro: la indagación sobre el sentido de la historia, y particularmente la visión de la historia argentina, que llega a ser resumida en algún momento como "un monólogo alucinado, interminable,  del sargento Cabral en el momento de su muerte, transcrito por Roberto Arlt".

Hay también en esta primera parte una reivindicación del género epistolar, un "género anacrónico de una época donde los hombres todavía creían en la verdad de la palabra escrita" género a su vez "utópico por excelencia ya que anula el presente y hace del futuro el único lugar posible de diálogo". Y es que precisamente Maggi no cejará, en su reivindicación de Ossorio, de verlo como un desterrado que convierte su vertiginoso exilio en un "exceso utópico".

Toda esta primera parte llevará el críptico título de "Si yo mismo fuera el invierno sombrío", en referencia a un cuadro atribuido al pintor Franz Hals, cuadro que echando mando de internet uno descubre que no existe, aunque sí su supuesto autor: un pintor neerlandés del siglo XVII, maestro del retrato, y que por cierto retratará entre otros a Descartes, que pone título a la segunda parte del libro. Probablemente una de las tantas bromas y guiños que esconde Piglia.

En la segunda parte se abandona el género epistolar y Renzi viaja a Concordia en busca de Maggi. En la dilatada espera conoce a su amigo Tardewski (en quién es fácil entrever la figura de Gombrowicz, polaco como él) y su corte de compañeros, todos ellos exiliados de la vieja Europa de entreguerras que llegan a esta localidad de provincias como los restos de un naufragio y que representan en cierta manera la herencia europea de la cultura argentina. Aquí es donde Piglia (en boca de todos estos personajes) se recrea en diálogos (a veces más bien monólogos) sobre la historia cultural de su país, con especial hincapié en Borges y Arlt, y donde a la estela del Pierre Menard parece jugar con una visión a la vez borgeana de la obra del propio Borges (los anacronismos deliberados, las falsas referencias...) y que está en el trasfondo de los múltiples juegos literarios y guiños con los que se construye esta novela.

Todo ello sirve a su vez para darnos pie a la confesión de Tardewski a Renzi  de su más preciado secreto: haber descubierto, o acaso estar seguro de ello tras muchas indagaciones, de un encuentro que tuvo lugar en Praga hacia 1909 nada menos que entre Kafka y un desconocido Adolf Hitler, y de la influencia que las ideas de este tuvieron en la posterior obra del escritor judío tras unas probables o tal vez simplemente posibles conversaciones entre ambos, y que lo han convertido en lo que representa en la historia de la literatura. Conversaciones donde acaso entrevió esa "utopía atroz de un mundo convertido en una inmensa colonia penitenciaria". De hecho, según Tardewski "el genio de Kafka reside en haber comprendido que si esas palabras podían ser dichas, entonces podían ser realizadas". De esta manera se gestaría la posterior obra de Kafka, la que lo ha convertido en el autor reverenciado que es, y según nuestro personaje en "el autor que una relación más estrecha ha mantenido con su época".

No hay duda de que es esta una novela densa, llena de referencias históricas y literarias y de juegos de espejos que hacen sesuda su lectura, pero creo que en absoluto aburrida, a pesar de que sería necesaria una nueva lectura para poder acabar de hilar todo lo que Piglia nos quiere decir (si es que existe acaso tal intención y no estamos sencillamente ante un texto que pretende, precisamente, diversas lecturas).

viernes, 11 de septiembre de 2015

LOS ÁRABES DEL MAR, DE JORDI ESTEVA

Los árabes del mar, de Jordi Esteva. Ediciones Península (col. Altaïr viajes).
 
 
                                                          dhows en Bombay, 1890
 
 
Cuenta el autor que para él los árabes siempre han sido un pueblo de mar. Lejos del tópico del desierto, de pequeño ya soñaba con conocer ese mundo que recorrían los viajes de Simbad, el del indómito Índico surcado por los dhows árabes y que llegaron a dominar las rutas que iban desde Zanzíbar, en la costa africana, hasta la Índia y China.
 
Esta búsqueda la inició Esteva en los años setenta, visitando Sudán y los puertos del mar Rojo, donde se topa con los palacios de Sauakin, abandonados y expuestos a la intemperie del desierto, hasta la Arabia feliz, como ha sido siempre conocido el actual Yemen y su mítico reino de Saba. Ahí probablemente tomó conciencia de estar persiguiendo un mundo ya desaparecido pero que todavía contaba con testimonios que puedieran dar fé de su glorioso pasado.
 
Precisamente el gran logro de este libro, a diferencia de otros libros de viajes es que es la voz de todas esas personas que irá encontrando por el camino será el verdadero hilo conductor de este viaje, el que nos mostrará ese mundo perdido y olvidado. Y no nos importará tanto la veracidad o exactitud de las historias que nos cuenten, sino la fascinación que nos harán llegar sus palabras, y sentir así un leve atisbo de la fascinación que el mismo autor sintió probablemente al ver, a cada paso, cómo ese mundo ansiado desde la infancia se abría paso. 
 
Sin duda el conocimiento de la lengua y cultura árabes, junto con la hospitalidad de las personas que fue encontrando por su camino, partícipes de un Islam abierto y tradicional en el que el autor confiesa haberse sentido siempre cómodo, le abrió todas las puertas.
 
Años más tarde retoma el viaje, esta vez en Omán, que junto con Yemen es la patria de los que ellos mismos consideran "los auténticos árabes" a diferencia de los árabes del norte, el pueblo del desierto, de donde surgiría la figura de Mahoma y el Islam. De hecho otro tópico es vincular a los árabes con su actual religión mayoritaria: ciertamente esos árabes del sur ya era un pueblo que surcaba esos mares mucho antes, e incluso llegaron a emigrar en algunos casos a la costa africana que ya les era conocida (Zanaíbar, Lamu, Mombasa...) llevados en algún momento por el empuje de la nueva religión, aunque ellos no tardarían en adoptar también la nueva religión.
 
Durante siglos toda una serie de pueblos pretendió navegar por esos mares (griegos, romanos, bizantinos...) para comerciar con las especias y los productos que hicieron míticas esas tierras (incienso, mirra...) pero el inhóspito Índico siempre se les resistió, tan diferente del tranquilo Mediterráneo. De hecho se cuenta que el gran secreto de la navegación de los árabes por el Índico era el conocimiento que tenían de los regímenes de vientos relacionados con los monzones, y que les permitía moverse en una dirección u otra en cada época del año; se cuenta incluso que era un secreto celosamento guardado cuya revelación sería castigada con la muerte.
 
Tras un periplo por Omán, Esteva viaja a la costa africana de la actual Kenia y Tanzania, la llamada costa de los Zenj, donde visita Lamu, Mombasa, y en particular la mítica ciudad de Zanzíbar. Allí descubre una población árabe que con el tiempo ha acabado mezclada con la africana, hasta el punto de desconocer prácticamente el árabe (reservado para la liturgia musulmana y algunas frases de cortesía) y adoptar el suajili, una lengua bantú extendida por una amplia zona de África, a pesar de que los árabes ejercieran durante muchisímo tiempo (de hecho hasta el siglo XIX) el comercio de esclavos del interior del continente. Ese oscuro pasado estuvo en el trasfonodo de las matanzas de árabes durante la revolución de Zanzíbar de 1964, a pesar de ser esa población árabe, de hecho, el resultado de la relación secular con esclavos y esclavas liberados.
 
Como ya he comentado, es el viajero quien cede todo el protagonismo al viaje, a las gentes que hablan por sí mimas, y gracias e ello conocemos muchas interioridades de ese mundo tan lejano a nosotros en tantos aspectos, como la presencia constante en sus vidas de los yinns, esa especie de seres invisibles que, procedentes de prácticas y creencias pre-islámicas pueden adoptar diferentes formas, y que son capaces de condicionar y poseer a los humanos a voluntad.
 
"¡Qué mejor aventura que viajar a través de las personas!. Ir en busca de la memoria"
 
Cierto, y especialmente en un mundo donde la palabra, tanto la escrita (para ahuyentar a los yinns con los infalibes amuletos, por ejemplo, o las siempre presentes suras del Corán) como la tradición oral, son tan importantes. 
 
 

lunes, 15 de junio de 2015

LA PEQUEÑA COMUNISTA QUE NO SONREÍA NUNCA




La pequeña comunista que no sonreía nunca, de Lola Lafon. Editorial Anagrama, traducción de Francesc Rovira.
 
Este libro es un artefacto (sin afán peyorativo) muy propio de nuestro tiempo: imaginar una probable biografia (en este caso de la mítica gimnasta Nadia Comaneci) con voluntad de verosimilitud pero dejando claro que no pretende narrar de forma textual los hechos de su vida, sino dejar un margen para que la literatura haga el resto. Una vuelta de tuerca más a la relación ficción-realidad que preocupa y ocupa hoy en día a tantos escritores (con suerte dispar).

Para ello, además de la inevitable documentación de la que, se quiera o no, uno ha de hacer acopio, recrea una imaginaria relación epistolar y telefónica con la propia Comaneci (mostrándole fragmentos de lo que está escribiendo, indagando en sus recuerdos....) a la que la exgimnasta ficticiamente responde de manera crítica, poniendo en duda las suposiciones de la autora, su visión de la vida en la Rumanía de Ceaucescu, la mitología generada alrededor de la gimnasta, la relación con su entrenador, el también mitico Béla Károlyi, sus relaciones con el poder, su polémica huida a los Estados Unidos poco antes del final del dictador,etc.
 
Con estas licencias, la autora puede indagar con más libertad en los aspectos más íntimos y personales de Nadia Comaneci, muy en particular los que tienen que ver con los dilemas con su cuerpo y esa gloria efímera a la que las gimnastas parecen abocadas (porque fue precisamente el equipo rumano de los juegos de Montreal, con Nadia al frente, quien inauguró la nueva época de niñas gimnastas, a la que ahora  ya estamos tan acostumbrados).
 
El resultado en mi opinión es un libro con un planteamiento muy interesante (y atrayente sobretodo para nostálgicos de los 80) pero que en ocasiones me ha dado la impresión de quedarse algo embarrancado, un tanto perdido en esos juegos entre realidad y ficción que plantea, en especial hacia el final.
 
 

domingo, 24 de mayo de 2015

TAMBIÉN ESTO PASARÁ, DE MILENA BUSQUETS

 
Shigeyoshi Koyama: invitación al viaje 


También esto pasará, de Milena Busquets. Editorial Anagrama.

Siempre me acerco a los éxitos de ventas con cierto sigilo, tal vez con cierto pudor snob ante el recelo que por defecto me provoca su sobreexposición mediática, intuyendo que, no sé muy bien por qué motivo, ha de estar injustificada.
 
Por otra parte muchas veces no encuentro ocasión ni sentido a añadir nada a lo que probablemente otros ya han dicho respecto a una novela sobre la que ya se ha escrito y dicho bastante, y muy en particular su argumento (a saber: una especie de carta de despedida de Milena a su madre, la conocida editora Esther Tusquets, escrita a partir del momento de su muerte). De todas maneras, y teniendo en cuenta que en este caso no he encontrado injustificada su popularidad, he creído dejar constancia de esta lectura.
 
De entrada hay algo que probablemente a muchos nos haga ver la narración con cierta distancia a pesar de su tono tan intimista, y es el mundo en el que la autora se mueve,  en este caso lo que llamaríamos clase acomodada (en particular el de los descenidentes de la famosa gauche divine, los largos veranos en Cadaqués.....) probablemente un mundo un tanto lejano e irreal para muchos de nosotros, y que en ocasiones nos puede parecer incluso frívolo (detalle que creo que la autora no pretende ocultar). 
 
La superación de la muerte de la madre no viene lastrada por una relación personal traumática ni nada similar, parece más bien como el final del mundo paradisíaco de lo que fue su infancia y juventud ("todos tenemos paraisos en los que nunca hemos estado"), del que la autora, nada complicente consigo misma, confiesa no haberse desecho ("entregaría sin dudarlo mi patética corona de adulto de cartón piedra, que llevo con tan poca gracia, y que cada dos por tres me cae al suelo y se escapa rodando calle abajo").
 
Tal vez al final, lo que nos narra con su prosa ágil y llena de imágenes y reflexiones sobre el sexo, el amor o la relaciones personales (la meternidad, la relación con sus maridos...) no deje de ser la resistencia a abandonar la juventud ("soy un fraude de adulto, todos mis esfuerzos por salir del patio de recreo son estrepitosos fracasos") a aceptar esa visión pesimista que desde la atalaya de los cuarenta parece que estemos condenados a sentir. Hay una pugna entre su constante insatisfacción amorosa (con dos exmaridos y varios amantes) y una voluntad de dominio sobre su vida, una voluntad de independencia que tal vez sea una de las herencias más preciadas de su madre.
 
No sé si un hombre podría escribir un libro así, tan denso de sentimientos a pesar de su estilo ágil y sus modestas dimensiones; de hecho la autora retrata a los hombres con una generosa sencillez, a veces incluso diría con cierta envidia ante la mayor complejidad femenina, fuente de sufrimientos constantes. Vaya, que no salimos del todo mal parados. Y a pesar de toda esa posible distancia que he comentado, es un libro plagado de imágenes que en cierta manera podríamos hacer nuestras a pesar de no haberlas vivido.
 
 
 

lunes, 18 de mayo de 2015

NUESTRAS GUERRAS: RELATOS SOBRE LOS CONFLICTOS VASCOS




Muestras guerras, relatos sobre los conflictos vascos, recopilación de Mikel Ayerbe. Editorial Lengua de Trapo.
 
Este libro es un conjunto de relatos (de extensión muy diversa) seleccionados y prologados por Mikel Ayerbe, escritos originalmente en euskera (eso es importante tenerlo en cuenta) y que giran, de diferente manera, alrededor de lo que el subtítulo denomina, algo eufemísicamente (y será solo mi opinión) los conflictos vascos.
 
Quien se acerque al libro y vea su portada (cuatro instantáneas de un asalto a una cabina telefónica, intuimos que en un episodio de kale borroka) nos pone de entrada en la pista de estar hablando exclusivamente de ETA, pero lo cieto es que el marco histórico en el que se circuncriben los escenarios de estas narraciones arrancan en la Guerra Civil Española, y se prolongan hasta el más inmediato presente.
 
Es decir que en definitiva esta recopilación busca ser una visión de cómo la lengua vasca ha tratado literariamente este largo periodo. Sin duda, de entrada, es un tema que va más allá de lo estrictamente literario (o porque precisamente la literatura no deja de ser la plasmación de muchas otras cosas), y por tanto, todas las decisiones que abarcan la elaboración de este libro, desde el propio criterio a la hora de seleccionar las narraciones como el periodo histórico en el que se circunscriben no van a dejar de leerse como una visión del propio autor a la hora de explicar dicho conflicto.
 
Los escritores reunidos van desde algunos de los grandes de la literatura vasca (Axtaga, Saizarbitoria, que tienen un peso especial en el numero de páginas) hasta las voces más recientes (Haritz Cano, Aparategi, Zaldúa) pasando por muchos otros (no siempre conocidos  por el lector castellanohablante), y suponemos que dejando fuera a muchos más, como es irremediable en este tipo de recopilaciones.
 
Los argumentos son muy diversos: desde los padres que esperan la llamada telefónica que en cualqueir momento les de la noticia de que su hijo, que se mueve dentro del mundo abertzale, haya podido morir en un atentado, el dolor de la mujer que se entera que su marido exiliado está con otra mujer, el terrorista  perseguido por la policía que se refugia en un club de lectura, el vacío y la pérdida de identidad que siente un preso cuando es excarcelado tras varios años de reclusión.... Todas ellas escritas en tonos muy diversos, algunos (los más recientes) con un cierto e inevitable humor negro, recurso necesario tal vez para narrar la violencia cotidiana y siempre al acecho, y siempre más pendientes de jugar con los personajes y las consecuencias que en ellos tiene esa violencia que entrar en las causas que la probocan.
 
De todas maneras, al final es otra cosa lo que más me ha sorprendido de este libro (o tal vez no debiera de sorprenderme tanto). Siempre tomando como representativa esta selección para poder tener una visión certera de qué se ha escrito y cómo se ha hecho durante todos estos años, uno no deja de sorprenderse de la nula repeción que parece haber tenido en las letras vascas la experiencia de las víctimas de ETA y de todo su entorno, no ya como testimonio sino como fuente de inspiración literaria. No sólo el sufrimiento ante la pérdida sino también el acoso silencioso y cotidiano en el que vivieron muchos durante esos años, debería haber suscitado un interés literario evidente.
 
Puede que no sea un problema exclusivo de la literatura en euskera: en castellano tampoco abundan quienes hayan querido abordar este tema: Raúl Guerra Garrido y Fernando Aramburu son con toda probabilidad excepciones a la norma (y disculparán mi ignorancia si me olvido de otros), muy en particular el primero, por el momento en el que lo hizo y por las consecuencias que ello tuvo en su vida.
 
Está claro que de una manera u otra, la literatura es un testimonio claro de toda época que quiera narrar, tanto por lo que se escribe (y cómo lo hace) como también por lo que no se dice.
 

sábado, 18 de abril de 2015

LA MUJER DE SOMBRA, DE LUISGÉ MARTÍN

 
 
La mujer de sombra, de Luisgé Martín. Editorial Anagrama.

A pesar de ser esta una novela que he leído con interés y que no desalienta al lector en ningún momento, creo que hay un par de cosas que de entrada fallan. El argumento sería de entrada este: poco después que Guillermo confiese a su amigo Eusebio que mantiene relaciones sexuales de tipo sadomasoquista con una tal Marcia, muere inesperadamente en un accidente. Posteriormente, el tal Eusebio decide ponerse en contacto con dicha señora para darle noticia del suceso (ya que fuera de esa relación que mantienen en casa de ella, Marcia y Guillermo eran auténticos desconocidos), aunque lo en realidad  atrae a Eusevio es la necesidad de acercarse a ella tras la confesión de su desaparecido amigo. Lo cierto es que, tras un tiempo intimando (y sin que él llegue a confesarle el fatídico destino de su antiguo esclavo sexual)  acaban por establecer una relación íntima totalmente normal hasta el punto de casarse, sin que en ningún momento la tal Marcia-Julia (nombre real) muestre ni sombra de sus supuestas perversiones sexuales.


El problema es, primero, que Eusebio sea alguien que viva de una herencia familiar que le permita trabajar de lo que le venga en gana: tal vez hubiera sido más acertado (y probablemente, más complejo) buscar a una persona más parecida al resto de los mortales, con sus respectivas responsabilidades,  y su caída a los infiernos de la perversión sexual; el otro es que la tal Marcia-Julia muestre una transformación tal que desaparezcan sus aficiones sadomasoquistas, y que además se case, como se dice...¡por amor!. No creo que quien sea devoto de tales aficiones pueda prescindir de ellas con tal facilidad.

De todas maneras, dejando de lado estas apreciaciones, el ritmo y la prosa de la novela, con un constante crescendo, son muy acetados y no desfallecen hasta el final. Plantea toda una serie de temas referentes al sexo y a la identidad sexual, a internet como gran válvula de escape donde dar rienda suelta a todo ello, a los límites estrechos entre lo delictivo y lo perverso, a la necesidad humana de mentir e inventar una nueva vida que pueda llegar a ser más intensa que la real. Todo esto en un libro con una exensión lo suficiente discreta para no verse superado por todo ello (ni tampoco por las deficiencias que yo haya podido señalar antes).

Supongo que ese es el reto que se plantea la novela: transitar como un funambulista en esa imperceptible frontera entre la perversión y el deseo. Escribir sobre esa capacidad que tiene el sexo de hablar sobre las personas, que huye del lenguaje para expresarse, y ahí tal vez redique la dificultad del escritor cuando intenta recrearlo.


domingo, 29 de marzo de 2015

UN KADDISH POR EL LADINO: TELA DE SEVOYA, DE MÍRIAM MOSCONA

 


Tela de sevoya, de Míriam Moscona. Editorial Acantilado.
 
Si tuviera que definir este libro dentro de unos cánones conocidos, lo más similar sería verlo como un libro de memorias. O mejor: la búsqueda de una identidad individual a partir de un pasado familiar ya casi inaccesible: el que representa el ladino y el mundo sefardí.
 
Tras la lectura de este excelente y cuidado libro, me da la impresión que Míriam Moscona, escritora mexicana de origen búlgaro sefardí, más allá de querer dejar constancia de una pertenencia a una identidad colectiva en extinción, ha sondeado la forma como esa herencia ha quedado reflejada en su vida, en particular en esa nueva vida que sus ancestros vinieron a buscar para ella en la otra punta del mundo huyendo, casi in extremis, de su extinción física. 
 
Es un libro construido a diferentes niveles, a partir de varios hilos conductores que, usando diferentes registros, reconstruye un pasado familiar ligado a un mundo que ya no existe y del que solo queda, como último bastión, su lengua. Así, vemos aparecer por un lado textos más literarios y personales, de carácter casi onírico, intercalados con recuerdos de su visita a los lugares que representan su geografía familiar (Sofía, Polvdiv, Salónica, Esmirna), junto con episodios más personales de su infancia mexicana muy marcados por la presencia de su terrible abuela, con quien nunca pareció congeniar y que fue el último vestigio familiar del ladino, sin olvidar las dosis inevitables de ese humor judío tan paricular. Es curioso leer cómo la relación más directa que la autora mantuvo con la lengua de sus antepasados fue, precisamente, esa abuela cruel con la que nunca se entendió.
 
Un conjunto por tanto muy heterogéneo, a imagen de esa forma caprichosa como la memoria (tanto las personales como las colectivas) construyen en nosotros nuestro pasado y nuestra identidad (o al menos una parte importante de ella).
 
La sensación que el libro transmite al lector no deja de ser, casi en todo momento, la de estar asistiendo a los vestigios de un mundo extinto, o mejor a un mundo que languidece con un largo y aletargado final, aferrado a una lengua que a nosotros nos suena tan anacrónica como familiar. No en vano la cultura sefardí siempre estuvo marcada por esa nostalgia por un lugar añorado y desaparecido (Sefarad), que en muchas de sus kantikas (que también sazonan el libro) es cantado muchas veces bajo la forma de una hermosa e inaccesible mujer.
 
Ese sentimiento lo transmite, por ejemplo, esa carta que el escritor Marcel Cohen envió a Antonio Saura, un fragmento de la cual aparece en el libro y que no puedo dejar de transcribir

"Cuando se bozea tu lingua, kuando se deskae, kuando deves serrar los ojos, soliko en du kamaretika i pensar por oras antes de trucher dos biervezikos a la luz, kuando no ai nada ke meldar en tu lingua, dinguno de tus amigos por avlarla kon ti, kuando el poko ke te keda no lo vas a dechar en dinguno después de ti (...) saves ke la moerte avla por tu boka. La moerte avla por mi boka....A vendrá dezir, ya esto moerto yo."
 
Por eso creo que es tan peculiar el ladino: porque parece que podamos leer en él el destino de sus gentes; tal vez no haya habido en el mundo una lengua más ligada a una identidad, porque es más que eso: es una lengua ligada a un destino.