lunes, 31 de marzo de 2014

KASSEL NO INVITA A LA LÓGICA, DE ENRIQUE VILA-MATAS


Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas. Editorial Seix Barral.

                                            instalación de Pierre Huyghe en Documenta 13

Ya van algunos libros de Vila-Matas donde lo que encuentro más interesante no es tanto el libro mismo como todo lo que hay alrededor de él. Es decir todo ese mundo de referencias literarias y artísticas del que es devoto, todo ese espacio tan propio que lo caracteriza.

Uno tiene la sensación de que Vila-Matas en el fondo acaba por repetirse, y tal vez lo que se espere de él sea precisamente eso: la dosis necesaria que necesitan sus lectores con cierta periodicidad, siempre fiel a su estilo tan personal que tantos, con mayor o menor fortuna, vienen imitando.

Aquí lo vemos como su querido Robert Walser, como Sebald, ambos paseantes empedernidos, como los personajes de su apreciada novela Locus Solus de Roussel, contemplando la desmesura de la Documenta de Kassel, esa muestra del arte contemporáneo que inunda cada cinco años la ciudad alemana donde ha sido invitado para ser, él mismo, una instalación artística viviente, dejándose ver mientras escribe sentado en la mesa de un restaurante chino de las afueras donde antes que él otros ilustres escritores han participado.

Esa imagen, que fue real porque realmente participó en la Documenta 13 tal como lo describe, me parece además bastante ilustrativa: tal vez el propio Vila-Matas, circunscrito a su personal mundo literario, acaba siendo en cierta manera una “instalación artística” que se revisita constantemente, fiel a su estilo, ejerciendo creo que una considerable influencia en muchos otros que participan de los artificios (en el buen sentido de la palabra, que conste) metaliterarios similares, si se me permite la expresión.

No hace mucho se publicó en catalán “Albert Serra, la novel-la no el cineasta” de Albert Forns donde el mismo escritor-narrador pretende ser Albert Serra, el cineasta vanguardista que también fue invitado a la misma Documenta de Kassel (de la misma manera que Vila Matas menciona en algún lugar cómo participó en un concurso de dobles de Hemingway sin parecerse en nada a él). Albert Serra exhibió en Kassel  uno de sus típicos proyectos desmedidos: la filmación de la representación literal de “Las conversaciones privadas con Hitler” de Trevor-Roper y las “Conversaciones con Goethe” de Johann Peter Eckermann, que eran filmadas en la propia ciudad para ser expuestas diariamente, capítulo a capítulo. En esa novela, llena de recursos vilamatianos, aparece precisamente una referencia  a su estancia como instalación en aquel restaurante chino, e incluso el propio Albert Forns le deja una nota a Vila-Matas sobre la mesa, debido a que en aquel preciso momento no estaba allí (lo que hace pensar que sus ausencias premeditadas en tan tedioso espectáculo, tal como narra en el libro, fueron frecuentes).

En definitiva, que la sombra de Vila-Matas es alargada. Y lo seguirá siendo.